La desinformación evoluciona hacia la ‘invención de la realidad’ con nuevas tácticas digitales
La concepción de la desinformación ha evolucionado desde la mera carencia de datos hasta la “acción y efecto de dar información intencionadamente manipulada al servicio de ciertos fines”. Este cambio implica un salto de la fabricación de mentiras directas a la “invención de la realidad”, definiendo qué información se hace visible, cuál desaparece y cuál simula un consenso público. Un análisis detallado en The Conversation España subraya que esta nueva etapa se materializa a través de tres mecanismos principales: los pseudomedios, los reclamos fraudulentos de derechos de autor y las redes digitales inauténticas, estas últimas a menudo denominadas el “internet muerto”.
El concepto de “internet muerto” describe operaciones coordinadas donde bots simulan una conversación pública espontánea. Según el informe Imperva Bad Bot Report (2026), el tráfico automatizado de bots representó el 53% de todo el tráfico web en 2025, lo que sugiere una preponderancia de la actividad de máquinas en el ecosistema digital. Esta actividad crea una percepción artificial de la discusión pública.
Los pseudomedios, por su parte, adoptan la apariencia de publicaciones periodísticas legítimas con titulares, secciones y fotografías. Sin embargo, carecen de las estructuras editoriales fundamentales, como salas de redacción, procesos de verificación o una clara separación entre intereses y contenido. Actúan como fachadas que simulan credibilidad sin adherirse a estándares periodísticos. Un caso identificado por Cazadores de Fake News en Venezuela reveló una operación digital inauténtica que incluía al menos 75 cuentas falsas en X, 13 sitios web diseñados para emular medios regionales y seis noticieros simulados en Instagram. Esta red operaba en favor de un empresario específico, atacando a medios y periodistas que investigaban sus actividades, lo que ilustra una estrategia donde no solo se fabrican los “periodistas”, sino también un “público” a través de cuentas inauténticas.
El tercer mecanismo se basa en el uso fraudulento de las denuncias por derechos de autor. Esta táctica busca la opacidad al permitir la retirada de contenido o la suspensión de cuentas sin que sea necesario refutar la veracidad de la información en disputa. La ventaja estratégica radica en evitar el debate sobre el contenido, optando directamente por su eliminación. En Venezuela, ejemplos incluyen la suspensión temporal de la cuenta de Instagram de El PitazoTV por supuestas infracciones de copyright (posteriormente restablecida por Meta) y la suspensión del diario El Nacional, que contaba con 4.4 millones de seguidores, también por presuntas violaciones de derechos de autor. Estos incidentes ponen de manifiesto cómo un sistema legítimo puede ser explotado para silenciar voces. La empresa española Eliminalia, investigada por The Washington Post, ilustra esta práctica a gran escala, utilizando sitios web falsos y reclamaciones de copyright manipuladas para eliminar información desfavorable sobre sus clientes, llegando a copiar artículos originales y atribuirles una fecha anterior para luego acusar a los medios legítimos de infracción.
Estos enfoques no solo buscan introducir falsedades, sino también obstruir el acceso a información verdadera y generar narrativas artificiales. En contextos donde las redes sociales actúan como infraestructura informativa, especialmente en países con acceso restringido a medios independientes, estas tácticas vulneran el derecho a la información al manipular qué se ve, qué se oculta y qué aparenta ser una conversación genuina. La lucha contra la desinformación, por tanto, requiere ir más allá de verificar la veracidad del contenido para abordar la restricción del flujo de información auténtica.
Fuente original: The Conversation Espaa







