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Detectado un sesgo consistente hacia la izquierda en el movimiento humano

Una investigación de cinco años revela que individuos y multitudes se desplazan predominantemente en sentido antihorario, descartando influencias culturales y ambientales.

Durante un estudio de 2020 sobre el movimiento peatonal en espacios confinados, en el contexto de la pandemia de COVID-19, un equipo de investigadores observó un patrón inesperado: los participantes tendían a caminar en bucles que giraban consistentemente en sentido antihorario. Esta observación fortuita dio origen a una investigación de cinco años para comprender este comportamiento.

Inicialmente, se planteó la hipótesis de que este fenómeno era un caso de "comportamiento emergente", resultado de interacciones colectivas o del entorno. Sin embargo, una serie de experimentos rigurosos desestimó estas explicaciones. Se probó la influencia de las paredes y la lateralidad individual (preferencia de giro a la izquierda o derecha), pero el sesgo colectivo antihorario persistió incluso en grupos diseñados para favorecer el giro horario. La eliminación de las paredes, trasladando el experimento a un patio escolar abierto de 3.000 metros cuadrados, no solo mantuvo el efecto, sino que lo intensificó, lo que indica que el entorno físico no era el factor determinante.

Las explicaciones culturales también fueron descartadas. La hipótesis de que la dirección del tráfico rodado influiría en el movimiento peatonal fue refutada por un estudio en Tokio, donde las multitudes, a pesar de las costumbres locales de desplazamiento a la izquierda, también giraron en sentido antihorario. De igual modo, la posibilidad de un hábito adquirido, como la dirección de las pistas de atletismo, se descartó al observar que niños de guardería, con mínima exposición a convenciones adultas, mostraron la tendencia antihoraria de forma aún más pronunciada.

La investigación concluyó que la inclinación hacia el giro a la izquierda es una característica puramente individual. Experimentos con voluntarios caminando solos en una arena vacía confirmaron que la mayoría se movía en sentido antihorario. Esto sugiere que el patrón colectivo es una manifestación directa de un comportamiento individual, no una propiedad emergente del grupo. Según el análisis publicado en The Conversation, el mecanismo exacto que causa este sesgo a nivel individual sigue siendo desconocido, a pesar de haber buscado correlaciones con la lateralidad, el pie o el ojo dominante y el sexo.

Este descubrimiento tiene implicaciones relevantes para el diseño y la modelización de espacios compartidos con alto flujo de personas, como aeropuertos, estaciones de tren y museos, donde la optimización del tránsito es crucial. La observación de un comportamiento similar de giro a la izquierda en especies animales, como bancos de peces o columnas de hormigas, sugiere que esta tendencia podría ser un mecanismo biológico fundamental, potencialmente más antiguo que la propia humanidad.

Fuente original: The Conversation Espaa

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