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La rehabilitación de edificios, un riesgo estival para el confort térmico

Un estudio revela que las mejoras para el invierno pueden agravar el sobrecalentamiento en verano, pero propone soluciones de bajo coste.

El parque residencial español, con un 85% de viviendas consideradas energéticamente ineficientes, se enfrenta a un desafío considerable en su proceso de rehabilitación. Un tercio de los hogares no consigue mantener su vivienda suficientemente fresca en verano, un porcentaje superior al de aquellos que no logran calentarla en invierno. Esta situación se agrava por el hecho de que el aire acondicionado solo está presente en aproximadamente la mitad de los hogares, y su uso es aún menor en viviendas de renta baja, donde la refrigeración pasiva es la principal estrategia.

Investigadores del grupo Sostenibilidad en Arquitectura, Tecnología y Patrimonio de la Universidad de Sevilla han confirmado este fenómeno, tal como detallan en The Conversation España. El estudio analizó el comportamiento térmico de viviendas sociales construidas en Valencia en 1962, comparando su estado actual con simulaciones de su rendimiento tras una rehabilitación conforme a la normativa vigente. Los resultados son explícitos: mientras las horas de frío incómodo en invierno caen por debajo del 9% anual, las condiciones en verano no solo no mejoran, sino que empeoran. En el mes más caluroso, el tiempo en condiciones confortables desciende del 38% al 18% tras la rehabilitación, lo que representa un incremento de casi cinco horas diarias de calor incómodo.

La explicación radica en el denominado efecto «termo»: el aislamiento retiene el calor en el interior durante el día y, si no se gestiona adecuadamente la ventilación nocturna, impide su disipación. Ante esta problemática, el estudio propone una solución doble y de bajo coste. Primero, optimizar la ventilación mediante sensores domésticos económicos, conectados a dispositivos móviles, que indiquen los momentos óptimos para abrir o cerrar ventanas, aprovechando las diferencias de temperatura entre el interior y el exterior. Segundo, el uso de ventiladores, que consumen unas diez veces menos energía que un aire acondicionado y mejoran la sensación térmica en dos o tres grados Celsius. La combinación de ambas medidas puede aumentar el tiempo confortable en verano hasta un 45% en el mes más caluroso, alcanzando más del 90% de horas en condiciones adecuadas a lo largo del año, sin necesidad de climatización activa.

Este hallazgo sugiere la necesidad de ajustar la normativa europea y española de rehabilitación energética para que, además de la eficiencia, se priorice el confort térmico estival y se reconozca el potencial de las medidas pasivas. Asimismo, resulta crucial la educación a los usuarios sobre cómo gestionar sus viviendas rehabilitadas para aprovechar al máximo estas mejoras y evitar los efectos adversos del sobrecalentamiento.

Fuente original: The Conversation Espaa

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