La monazita emerge como opción estratégica para el suministro de tierras raras
Las campañas internacionales para mitigar la dependencia del 90% que China ejerce sobre los mercados de óxidos y metales de tierras raras están configurando una pugna geoestratégica clave. Estos elementos son fundamentales para sectores manufactureros críticos, desde semiconductores y sistemas de iluminación LED hasta aleaciones metálicas y, crucialmente, los imanes permanentes que alimentan vehículos eléctricos, robótica y sistemas militares.
En este contexto, la monazita se ha identificado como un mineral con un potencial significativo para establecer cadenas de suministro alternativas. Contiene grandes cantidades de tierras raras valiosas, incluyendo neodimio, praseodimio, disprosio y terbio, esenciales para la fabricación de imanes. Según un análisis conjunto publicado por Foreign Policy y IEEE Spectrum, la Tierra posee enormes depósitos de monazita, tanto en roca dura como en arenas minerales pesadas, que pueden contener entre el 45% y el 70% de tierras raras en peso.
Sin embargo, el procesamiento de la monazita presenta un desafío considerable: la presencia de torio y uranio radiactivos. Su manejo, almacenamiento y procesamiento están estrictamente regulados, y los residuos ligeramente radiactivos generados deben ser almacenados indefinidamente. Este factor ha sido históricamente un impedimento, tal como evidenció el caso de Asia Rare Earth en Malasia en los años 80, donde la gestión inadecuada de residuos radiactivos causó niveles de radiación cientos de veces superiores a los máximos aceptados, asociados a defectos de nacimiento y casos de leucemia en la comunidad local.
A pesar de estas complejidades, se observa una inversión considerable en minas y tecnologías de procesamiento de monazita. En Estados Unidos, Energy Fuels, la única empresa con licencia para procesar y almacenar compuestos de uranio y otros materiales radiactivos, ha invertido en sus operaciones en White Mesa Mill, Utah. La compañía está produciendo óxidos mixtos de neodimio y praseodimio, con planes de escalar la producción a 6.000 toneladas anuales, apoyada por un compromiso de préstamo condicional de 725 millones de dólares de la administración estadounidense.
Por otro lado, el proyecto de Saskatchewan Research Council (SRC) en Canadá sirve de advertencia. Tras una inversión que superará los 216 millones de dólares canadienses, el proyecto ha sufrido retrasos significativos y ha producido cantidades mínimas de tierras raras, en parte por dificultades para asegurar un suministro constante de monazita. Estas experiencias resaltan que, más allá de la viabilidad técnica, el sector de las tierras raras está lastrado por una naturaleza especulativa que, según expertos, desvía la atención del valor operacional a largo plazo hacia ganancias a corto plazo.
El futuro es la monazita.
Jack Lifton, Analista y consultor del sector
La minería de tierras raras es el Afganistán de la minería.
James Kennedy, Presidente de ThREE Consulting
En lugar de enfocarnos en el valor especulativo, o de decir que tenemos el proyecto más grande del mundo, ¿qué tal si decimos que tenemos un proyecto que va a entrar en operación y que proporcionará el mayor valor a nuestros accionistas a largo plazo, no solo a corto plazo para que los inversores iniciales puedan vender?
Geoff Atkins, Vicepresidente de desarrollo de negocios de Ucore Rare Metals
Fuente original: IEEE Spectrum







