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La desinformación se transforma en herramienta de ciberdelincuencia, impulsada por IA

El fraude online, que ya representa cuatro de cada diez incidentes de ciberseguridad, explota la confianza en empresas e instituciones.

La desinformación ha evolucionado, pasando de ser un fenómeno de manipulación a una estrategia activa en la comisión de ciberdelitos. Este nuevo enfoque explota directamente la confianza depositada en empresas e instituciones para perpetrar estafas digitales. Incidentes como mensajes fraudulentos sobre paquetes inexistentes, promociones falsas de marcas conocidas o recomendaciones de inversión engañosas con la imagen de directivos forman parte de esta tendencia.

Según datos del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), referenciados por The Conversation España, la actividad delictiva en línea es significativa. En 2025, el INCIBE gestionó más de 122.000 incidentes de ciberseguridad, lo que representa un incremento del 26% respecto al año anterior. Dentro de este total, el fraude online constituyó el 40% de los incidentes, mostrando un aumento del 19% en su frecuencia en comparación con 2024.

En España, las empresas del comercio minorista y la banca son las más afectadas por este tipo de desinformación. Por su parte, las instituciones públicas experimentan una mayor recurrencia de ataques. Un estudio longitudinal sobre verificaciones en España (2023-2025), que analizó 630 casos, revela que solo el 52,6% de las entidades afectadas documentaron alguna acción en respuesta, y estas suelen ser reactivas, limitándose a desmentidos en redes sociales o sitios web.

Las estafas económicas son la modalidad más prevalente, con el phishing como técnica principal. Esta abarca el engaño mediante correos electrónicos, mensajes SMS (smishing) o llamadas telefónicas (vishing) para suplantar identidades de confianza y obtener datos personales o credenciales bancarias. Adicionalmente, se registran casos de suplantación de identidad corporativa e institucional a través de páginas web falsificadas, comunicados apócrifos y la difusión de deepfakes que muestran a figuras públicas promoviendo inversiones o productos.

La inteligencia artificial (IA) ha catalizado una profesionalización de estas campañas. La capacidad de clonar voces o generar sitios web casi idénticos a los originales en cuestión de minutos permite a los ciberdelincuentes escalar sus operaciones. Pueden reutilizar plantillas de ataque, modificando nombres, logotipos y colores para adaptar una estafa dirigida inicialmente a una cadena comercial a una entidad bancaria o de mensajería. Esto no solo incrementa la credibilidad de los engaños, sino que facilita su producción y adaptación a gran escala.

Este panorama resalta que la desinformación se ha consolidado como una herramienta directa de la ciberdelincuencia, explotando la confianza como vector de ataque. La comprensión de los patrones operativos de estas estafas digitales se presenta como una medida esencial para contrarrestarlas.

Fuente original: The Conversation Espaa

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