La justificación del alto coste de los PLCs industriales, a prueba en un experimento DIY
Los controladores lógicos programables (PLC, por sus siglas en inglés) son componentes esenciales en la automatización industrial, actuando como el cerebro que monitoriza sensores y activa equipos. Sin embargo, su precio, que puede superar los 1.000 dólares para una unidad nueva de marcas como Allen Bradley, a menudo genera la percepción de un coste desproporcionado, especialmente cuando se compara con placas de desarrollo de microcontroladores de menos de 10 dólares que, superficialmente, parecen ofrecer funcionalidades similares.
Para desentrañar esta discrepancia, el ingeniero Clem Mayer emprendió un proyecto de diseño de un PLC casero. Su objetivo era poner a prueba la hipótesis de si el elevado precio se justifica realmente por las características de robustez, compatibilidad, facilidad de mantenimiento y soporte, o si, en cambio, se trata de un simple sobreprecio.
Componentes y diseño para la robustez
Mayer inició su proyecto con un BeagleBoard PocketBeagle 2, un ordenador de placa única (SBC) asequible que integra un SoC Texas Instruments AM6254. Este chip es notable por incluir dos Unidades de Tiempo Real Programables (PRU), que funcionan de manera independiente al procesador principal y son capaces de mantener una sincronización precisa, una característica vital en el control industrial.
El siguiente paso crucial fue el diseño de una placa portadora personalizada para el PocketBeagle 2. Mayer se centró en incorporar todas las medidas posibles para asegurar la máxima robustez y fiabilidad, atributos distintivos de cualquier PLC industrial. Entre estas medidas se incluyó la adición de cuatro relés para el control de dispositivos externos. Sin embargo, la conexión directa de relés a componentes sensibles como un microprocesador es un riesgo, ya que las altas tensiones pueden retroalimentarse.
Para solventar este problema, Mayer integró optoacopladores. Estos componentes proporcionan aislamiento físico entre los relés y los circuitos delicados, transmitiendo las señales de control mediante luz y evitando así que corrientes o voltajes peligrosos puedan alcanzar el procesador. Además, la placa incorporó protecciones esenciales como la protección contra descargas electrostáticas (ESD) y la protección contra sobrecorriente, requisitos indispensables para cualquier PLC que opere en un entorno real. La implementación de estas salvaguardas, diseñadas para permitir un fallo controlado y sin daños mayores, requiere un diseño meticuloso por parte de un ingeniero experto y el coste de los componentes adicionales.
Pruebas y conclusiones
Para evaluar su PLC DIY, Mayer construyó un sistema de detección de color. Este utilizaba una cámara web y la librería OpenCV para identificar un color específico, cuyos parámetros se ajustaban mediante valores analógicos, y luego superponía una interfaz de detección en el vídeo, transmitiéndolo por la red.
Si bien esta prueba demostró la funcionalidad del sistema, es importante destacar que un laboratorio casero no reproduce las condiciones extremas a las que se enfrentan los PLCs industriales. Estos dispositivos deben operar ininterrumpidamente durante décadas en ambientes con calor o frío extremos y bajo vibraciones constantes. Pese a esta limitación del entorno de prueba, el ejercicio permitió a Mayer verificar el correcto funcionamiento de todos los elementos diseñados para la robustez.
La principal conclusión del experimento fue que los PLCs industriales, aunque parezcan caros, no lo son tanto cuando se consideran las demandas y el esfuerzo de ingeniería necesarios para su diseño. Si bien existe un margen de beneficio, inherente a cualquier producto, la inversión en fiabilidad, protección y durabilidad justifica en gran medida su precio, revelando que el coste no es tan irrazonable como podría parecer inicialmente.
Por qué importa
La percepción de que los controladores lógicos programables (PLCs) son dispositivos excesivamente caros y poco más que microcontroladores genéricos es común fuera del ámbito industrial. Sin embargo, este experimento subraya la inversión necesaria en ingeniería y componentes para garantizar la fiabilidad, seguridad y durabilidad que los entornos industriales demandan, justificando en gran medida su precio y disipando la noción de un sobrecoste injustificado.
Antecedentes
Desde hace años, las placas de desarrollo de microcontroladores de bajo coste, como Arduino, han democratizado la electrónica y el control para aficionados y proyectos educativos. Esta accesibilidad ha llevado a menudo a cuestionar el precio de los equipos industriales, como los PLCs, dada su aparente similitud funcional. El trabajo de Mayer surge precisamente de esta pregunta, poniendo a prueba las diferencias fundamentales en diseño y fiabilidad.
Aislamiento esencial
Uno de los retos cruciales en el diseño de un PLC robusto es proteger los componentes sensibles de bajo voltaje (como los microprocesadores) de las altas tensiones o picos eléctricos generados por los dispositivos de control, como los relés. Mayer abordó esto incorporando optoacopladores, que permiten la transmisión de señales de control mediante luz, creando una barrera física que impide que corrientes o voltajes peligrosos se propaguen de vuelta al circuito principal, una característica indispensable en entornos industriales.
Datos clave
| Coste de un PLC industrial (ej. Allen Bradley) | Más de 1.000 dólares |
|---|---|
| Coste de una placa de desarrollo de microcontrolador (MDB) | Menos de 10 dólares |
| SoC del PocketBeagle 2 utilizado | Texas Instruments AM6254 |
| Tecnología clave para el aislamiento eléctrico | Optoacopladores |
| Protecciones esenciales en PLCs | ESD y sobrecorriente |
| Vida útil esperada de PLCs industriales | Décadas en condiciones extremas |
Fuente original: Hackster.io







