La gestión hídrica en España frente al desafío del agua no registrada
El volumen de agua que entra en las redes de abastecimiento y saneamiento en España pero no se traduce en ingresos para los operadores, conocido como agua no registrada, constituye un desafío fundamental para la gestión sostenible del recurso. Este fenómeno, que afecta al 19,4% del agua suministrada de media, se desglosa en pérdidas reales, pérdidas aparentes y consumos autorizados no facturados, según una revisión publicada por The Conversation España.
Las pérdidas reales, principalmente fugas en tuberías y depósitos, se atribuyen en gran medida al envejecimiento de las infraestructuras. Los datos indican que el 31% de la red de abastecimiento de agua potable y el 57% de la red de saneamiento superan los 40 años de antigüedad. Este deterioro se agrava por unas tasas de renovación de red que apenas alcanzan el 0,49% en distribución y el 0,33% en saneamiento, muy por debajo del 2% anual recomendado. El déficit anual del sector se estima en 4.485 millones de euros, dificultando la adaptación a las normativas europeas.
A pesar de la antigüedad de las redes, se ha observado una mejora reciente en las pérdidas reales. Estas han descendido al 10,1% del suministro total, frente al 14,5% registrado en 2022. Esta reducción se vincula a esfuerzos como la modelización matemática del 83% de la red de abastecimiento y el registro del 100% en sistemas geográficos (GIS), lo que permite una identificación más precisa de los puntos críticos de rotura.
Las pérdidas aparentes, que ocurren cuando el agua llega a utilizarse pero no se registra correctamente, se deben a errores de medición o fraude. Los contadores defectuosos o envejecidos son una causa principal. En respuesta, se está impulsando la sustitución por contadores inteligentes, lo que ha duplicado su presencia hasta cubrir aproximadamente el 38% de la población. Iniciativas como el PERTE de Digitalización, que ha movilizado más de 1.200 millones de euros, y planes de operadores como el Canal de Isabel II, con más de 200 millones, apoyan esta transición, junto con la obligación legal de reemplazarlos tras 12 años de uso. Sin embargo, la digitalización no elimina por completo los errores, ya que pueden persistir fallos humanos o de software. El fraude, incluyendo conexiones ilegales o manipulación de contadores, representa aproximadamente el 8,5% del agua no registrada en España, equivalente a entre 35 y 40 hectómetros cúbicos anuales.
Finalmente, los consumos autorizados no facturados corresponden a usos legítimos del agua para servicios públicos, como extinción de incendios o riego de parques, que no generan ingresos directos para el operador.
La implicación del agua no registrada trasciende la mera pérdida del recurso. Genera impactos ambientales, al exigir una mayor captación de agua de ríos y acuíferos; energéticos, por el bombeo y tratamiento innecesarios que incrementan la huella de carbono; y económicos, al reducir los ingresos de las operadoras. En un contexto de creciente escasez, la mejora de la eficiencia en las redes se postula como una estrategia complementaria o incluso previa a la búsqueda de nuevas fuentes de suministro, contribuyendo a reducir la presión sobre los ecosistemas y a optimizar los recursos existentes.
Fuente original: The Conversation Espaa







