El veto a redes sociales para menores enfrenta desafíos de efectividad y privacidad
Una creciente tendencia legislativa global busca restringir el acceso de menores a las redes sociales, con normativas ya implementadas o en desarrollo en regiones como Francia, que prohíbe el uso a menores de 15 años, o la Unión Europea, que propone una edad mínima de 13 años y 15 para abrir una cuenta de forma independiente. El Reino Unido también plantea prohibiciones para menores de 16 años y la extensión de reglas de seguridad a funciones de inteligencia artificial de riesgo.
Sin embargo, un análisis publicado en IEEE Spectrum el 25 de septiembre de 2026, cuestiona la efectividad de estas prohibiciones. Basándose en la experiencia en iniciativas de Protección Infantil Online, el autor señala que la eliminación de cuentas no aborda los problemas subyacentes, como los algoritmos de recomendación, el diseño que maximiza el engagement, la moderación opaca y las prácticas de extracción de datos.
La implementación de estas medidas enfrenta desafíos significativos. En Australia, tras una prohibición similar, se restringió el acceso a 4.7 millones de cuentas de menores de 16 años; no obstante, dos meses después, uno de cada cinco adolescentes australianos en ese rango de edad seguía utilizando plataformas como TikTok y Snapchat. Este dato sugiere una limitada eficacia en la contención del acceso.
Además, el material subraya la falta de capacidad operativa de las instituciones públicas responsables de la protección online infantil, citando una evaluación de UNICEF de 2026 en Indonesia sobre las limitaciones de personal, presupuesto y capacidad técnica. También se destaca la insuficiente alfabetización digital entre muchos niños y padres, y la limitada supervisión independiente sobre cómo las propias plataformas verifican la edad y gestionan el cumplimiento normativo. Por ejemplo, el proceso de apelación de TikTok para usuarios marcados como menores puede requerir identificación gubernamental, lo que suscita preocupaciones sobre la recopilación de datos personales adicionales.
El desafío de la verificación de edad en sí mismo presenta un dilema: cómo determinar la edad de un usuario de forma fiable sin invadir su privacidad. Aunque existen tecnologías como Zero-Knowledge Proofs (ZKP) y W3C Verifiable Credentials que prometen verificar la edad sin revelar la identidad completa, estas demandan pruebas de seguridad rigurosas, estándares comunes y supervisión independiente para evitar la creación de infraestructuras de identidad permanentes controladas por empresas.
En última instancia, las prohibiciones de acceso podrían simplemente desplazar a los jóvenes a plataformas menos reguladas o generar métodos para eludir las restricciones. Para jóvenes aislados, marginados o de comunidades LGBTQ+, la pérdida de acceso a comunidades online puede significar la pérdida de apoyo crucial. El enfoque, según el análisis, debería transitar hacia la regulación directa de las interfaces, priorizando un diseño seguro desde el inicio que proteja la privacidad, la autonomía y el bienestar de los niños como usuarios legítimos.
Fuente original: IEEE Spectrum







