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La luz ultravioleta mejora la calidad y resistencia de cultivos agrícolas

La radiación controlada emerge como complemento a los fertilizantes tradicionales, optimizando la producción y reduciendo el impacto ambiental en la agricultura.

Un campo de estudio emergente en la agricultura investiga cómo la radiación ultravioleta (UV), administrada de forma controlada, puede estimular el crecimiento vegetal, mejorar la calidad de los frutos y aumentar su resistencia a enfermedades sin la adición de productos químicos. Este enfoque, que se distingue de los métodos tradicionales basados en fertilizantes y riego, se basa en la capacidad innata de las plantas para responder a la luz UV.

Según un estudio de la Universidad San Pablo CEU y RZERO Infection Prevention and Control S.L.U., publicado en The Conversation España, las plantas han desarrollado sofisticados mecanismos para detectar y reaccionar a la luz ultravioleta. Aunque una exposición excesiva puede ser perjudicial, dosis moderadas actúan como una señal de estrés leve, activando respuestas beneficiosas conocidas como hormesis. Esto implica que las plantas interpretan la señal como una posible amenaza ambiental y, en consecuencia, refuerzan sus defensas internas.

Esta respuesta se traduce en un incremento en la síntesis de compuestos protectores como flavonoides, antocianinas y otros compuestos fenólicos. Estos metabolitos no solo fortalecen la capacidad de la planta para soportar condiciones adversas, sino que también poseen un valor nutricional significativo para el consumidor, actuando como antioxidantes.

Los efectos positivos de esta tecnología han sido observados en diversos cultivos. En tomates, exposiciones semanales breves a radiación UV-B y UV-C antes de la floración han demostrado aumentar el crecimiento, adelantar la aparición de flores, reducir la incidencia de enfermedades bacterianas y enriquecer los frutos con licopeno, carotenoides y compuestos fenólicos. En fresas, la aplicación de UV-C ha reducido enfermedades fúngicas y mejorado la calidad de los frutos durante la conservación. La lechuga ha mostrado incrementos en calidad nutricional y producción de antioxidantes, mientras que en uvas, los tratamientos UV previos a la cosecha han mantenido elevadas concentraciones de estilbenos.

La luz UV no busca reemplazar completamente a los fertilizantes, que son esenciales para el aporte de nutrientes básicos, sino complementarlos. Su mecanismo de acción estimula los recursos internos de la planta, promoviendo una mayor eficiencia fisiológica. Esta estrategia ofrece ventajas como la ausencia de residuos químicos en el cultivo, la reducción del impacto ambiental asociado a la fabricación y uso de fertilizantes, el aumento simultáneo de la productividad y la resistencia frente a enfermedades, y la mejora de la calidad nutricional de los alimentos.

En la práctica, la tecnología emplea lámparas LED capaces de emitir radiación UV-B o UV-C de forma controlada, con exposiciones muy breves y espaciadas, a menudo durante la noche para evitar interferencias con la luz solar. La viabilidad a gran escala está en aumento, impulsada por la disponibilidad de sistemas LED agrícolas más eficientes y la automatización en invernaderos modernos. Si bien se han realizado pruebas en cultivos protegidos y a cielo abierto, quedan desafíos por resolver, como la determinación de las dosis, frecuencias y momentos de aplicación óptimos para cada especie, así como la evaluación económica en condiciones de producción real.

En un contexto de búsqueda de sostenibilidad agrícola, la luz ultravioleta se perfila como una herramienta prometedora para producir más alimentos con menos insumos y un menor impacto ambiental.

Fuente original: The Conversation Espaa

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